Los desadaptados se toman Acacías

Por Juan Domingo Guzmán M.

La pedagogía del todo vale y todo lo puedo hacer, por que en Acacías no pasa nada, viene desde hace tiempo haciendo presencia en la Ciudad, con unos comportamientos que atentan no solo contra la Ley sino contra la misma ciudadanía quien es la que al final paga los platos rotos.

Conductores ebrios a bordo de todo tipo de vehículos, excediendo las velocidades permitidas dentro de la Ciudad, motociclistas violando absolutamente todas las normas, circulando sin el respectivo casco, incluidos menores de edad, rebasando las capacidades en cuanto a cantidad de personas y adicionando la mascota de la casa.

Las vías se han convertido en pistas de competencia de velocidad incluidas cabriolas como el famoso Caballito, en muchos casos motos conducidas por menores de edad que no poseen el respectivo pase y sin las medidas de seguridad que implican la conducción de este tipo de vehículos y como si fuera poco sin el respectivo silenciador.

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Nos preguntamos cuántas personas en estado de alicoramiento salen de los rumbeaderos de Acacías, se apean en sus motos y circulan sin que nadie objete su comportamiento irresponsable, ocasionando en muchos casos accidentes lamentables, nos gustaría que las autoridades nos mostraran los índices estadísticos de esta materia.

Diciembre y sus festividades de la Natividad y año nuevo traen consigo quizá el momento de manifestar la alegría y la tristeza de todo lo ocurrido durante el año a las personas, actitud que obviamente no en todos los casos, pero sí en una cantidad preocupante generan los momentos propicios para que aquellos desadaptados cometan sus fechorías.

El uso indiscriminado de pólvora, prohibido rotundamente por sus consecuencias, desde anoche hizo su aparición en el Barrio Araguaney, a una persona de la tercera edad le fue lanzada una mecha de alto poder, la cual le estalló a 10 centímetros de sus pies, causándole no solo tremendo susto incluso de llevarlo a un pre infarto sino también la quemadura de su pantalón.

No falta el dueño del vehículo con potente equipo de sonido que se estaciona frente a nuestra casa a altas horas de la noche interrumpe nuestro sueño, tranquilidad y nos pone a escuchar de una forma que excede los decibeles permitidos, músicas que muchas veces no es de nuestro agrado, o el vecino que arma su fiesta, no queriendo decir que no este en su derecho de hacerla, pero hasta cuando los derechos de las demás personas no se vean atropellados.